domingo, 1 de mayo de 2011

EL CUIDADO DE DIOS (Por: Rev. Luis M. Ortiz)

Las agobiantes condiciones en que hoy día vive la humanidad, a causa de muchos factores, como problemas matrimoniales, problemas familiares, soledad, enfermedades, inflación, desempleo, robos, asaltos, crímenes, violencia, drogas, etc., requieren un toque divino.
El cristiano, en medio de las mayores adversidades, puede echar toda su ansiedad sobre el Señor, pues Él tiene cuidado de nosotros. Con confianza, seguridad y paz, puede decir: “Porque él me esconderá en su tabernáculo en el día del mal; me ocultará en lo reservado de su morada; sobre una roca me pondrá en alto” (Salmos 27:5).
Dios tiene un inmenso universo que cuidar. Se dice que nuestro sistema solar, que es como una pequeña islita en el vasto universo, tiene seis billones de millas de diámetro; que nuestra galaxia, llamada la Vía Láctea, y a la cual pertenece nuestro sistema solar, contiene alrededor de 400 billones de estrellas, las cuales son soles, cada sol o estrella, con su familia de planetas; que la estrella más cercana está a 26 trillones de millas de distancia. Se estima que hay seis billones de galaxias como la Vía Láctea; esto equivaldría a decir que en el vasto Universo hay 40 mil millones de millones de millones de estrellas y soles. ¡Extraordinario!
Desde el Antiguo Testamento, el salmista David sabía por experiencia propia del cuidado divino, y oraba: “Guárdame como la niña de tus ojos” (Sal. 17:8). Y Dios por boca del profeta Zacarías, dijo: “Porque el que os toca, toca la niña de sus ojos” (Zac. 2:8).
Amados, en la infinita capacidad, poder, amor, cuidado de Dios para nosotros, nada en nosotros pasa desapercibido para Él. El salmista dijo: “Jehová es mi pastor, nada me faltará” (Sal. 23:1). Y el apóstol Pablo afirmó: “Mi Dios, pues, suplirá todo lo que os falta conforme a sus riquezas en gloria en Cristo Jesús” (Fil. 4:19). Y:
Para cada caída, puede haber levantamiento
Para el pecado, también hay perdón
Cuando surge un Caín, también hay un Abel
Para cada diluvio, Dios provee un arca
Para cada tempestad hay un arco iris
Cuando hay un rebelde Nimrod, también hay un obediente Abraham
Para cada cristiano hay liberación
Para cada Faraón hay un Moisés
Para cada Mar Rojo, hay un camino abierto
Para cada desierto hay un oasis
Para la sed y el hambre hay provisión divina
En las tinieblas de mentira, más alumbra la verdad
Para cada Río Jordán, hay un intrépido Josué
Para cada Jericó hay una marcha de victoria
Cuando surgen madianitas, Dios levanta un Gedeón
Para cada descarriado Acab, Dios cuenta con un fogoso Elías
Para los taimados filisteos, siempre hay un valeroso Sansón
Para cada mañoso Amán siempre hay un vertical Mardoqueo
En cada horno de fuego llega un visitante celestial
En cada foso de leones, hay una mano que cierra las bocas
Para cada Herodes adúltero, hay un Bautista que denuncia
Para cada Judas que vende, hay un Juan que ama
Para cada traidor, hay muchos fieles
Para cada obrero falso, hay muchos obreros sinceros
Por cada espina punzante, hay una flor fragante
Para cada terrón duro, hay una gota de agua
Para cada dolor, hay alivio
Para cada enfermedad, hay sanidad
Para cada lágrima, hay consuelo
Por cada demonio, muchos ángeles
Para cada cruz, hay una corona
Por todas las tumbas ocupadas, hay una tumba vacía
Cuan agradecidos debemos estar del cuidado y la fidelidad de Dios hacia nosotros! El salmista, lleno de gratitud a Dios exclamó: “Bendice, alma mía, a Jehová, y bendiga todo mi ser tu santo nombre. Bendice, alma mía, a Jehová, y no olvides ninguno de sus beneficios” (Sal. 103:1-2).
Vivimos en un mundo convulsionado en lo político, en lo social, en lo ideológico, en lo industrial, en lo armamentista, en lo moral, en lo religioso, en todos los aspectos; pero Dios cuida de los suyos. Y ya cuando el azote del anticristo, de la gran tribulación y de los juicios de Dios sobre este mundo vayan a iniciarse, Dios ha prometido librar a los suyos de tales desastres y cataclismos, diciendo: “Por cuanto has guardado la palabra de mi paciencia, yo también te guardaré de la hora de la prueba que ha de venir sobre el mundo entero, para probar a los que moran sobre la tierra” (Ap. 3:10).

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